Viernes, 03 de julio
PLOTTIER

NEUQUEN - "Me tuve que acostumbrar a vivir con un brazo"

Hace tres años Emilio Muñoz fue brutalmente atacado por su perro

Neuquén.- Desde el día que su perro le comió el brazo, la vida de Emilio Muñoz cambió para siempre. No sólo perdió una de sus extremidades, sino también su trabajo, su fiel rottweiler y hasta la confianza que tenía por los animales. Fue un cambio tan dramático y radical que hoy, a tres años de aquella pesadilla, apenas si tiene recuerdos.

El sábado 22 de noviembre de 2014, Emilio llegó a su casa junto a su novia y cumplió con la rutina cotidiana de entrar el auto, cerrar el portón y saludar a sus perros, Otto y Pitu, una pareja de rottweilers que había criado desde cachorros para que le custodiaran su vivienda y otras dos que estaban en obra en el mismo terreno.

La decisión de tener dos animales de esa raza considerada peligrosa se basó en los siete intentos de robo que había tenido. Emilio sabía que se trataba de perros bravos que había que tratarlos con cuidado y dos traumáticas experiencias que vivió le dieron la razón. La primera fue un ladrón que saltó el paredón de su patio sin saber que del otro lado estaban esperándolo Otto y Pitu. Fue una carnicería que terminó con la vida del intruso. La segunda, durante otro intento de robo, el ladrón se aseguró de que no hubiera nada ni nadie en el patio, saltó la pared y forzó la puerta de la vivienda. Nunca se imaginó que ese día los perros se habían quedado adentro. El final fue el mismo.

Pese a aquellas vivencias aterradoras, Emilio mantenía una hermosa relación con sus mascotas. Las sacaba a pasear, a correr y a nadar en el río durante los veranos sofocantes. Las transportaba en una enorme jaula montada en un carro que se había construido especialmente para salir de paseo sin ningún tipo de inconvenientes.

Ese sábado que llegó a su casa y fue a saludar a sus animales, pasó algo que nunca se hubiera imaginado. En vez de salir al encuentro de su dueño con la alegría de siempre, Otto lo recibió con un ataque brutal. Primero le mordió la pierna una y otra vez; luego siguió con el brazo. Aterrada con la situación, la novia de Emilio comenzó a gritar pidiendo auxilio. Fue Luis, un vecino, quien entró en el patio para tratar de separar a Otto que, a esa altura, estaba enceguecido de furia. El perro soltó a su dueño, pero se la agarró con el visitante a quien también le destrozó una pierna. Unos minutos después, Luis logró zafar y con un collar de ahorque logró contenerlo. Luego lo mató.

Cambios

“Ya pasó”, reflexiona en una nueva casa donde reside, en el centro de la ciudad, lejos del barrio donde vivía y a la vez construía.

A aquel lugar donde ocurrió el ataque nunca volvió. Alquiló el espacio y logró terminar el segundo dúplex que también arrenda. El tercero sigue en obra.

“Mi vida cambió, pero me acostumbré a estar sin un brazo”, asegura con una increíble resiliencia, pocos días después de haber cumplido 47 años. Dice que se resignó en la pelea que libró durante meses con la obra social porque no le cubría la prótesis que él quería, una de última generación que costaba una fortuna y no la “descartable” que le habían ofrecido. También se acostumbró a trabajar por su cuenta como administrador de empresas desde que en el estudio donde se desempeñaba lo echaron pocos meses después de la tragedia.

Con el tiempo aprendió a picar, cortar y cocinar, y hasta a manejar su auto, que ahora tiene caja automática y se le hace más sencillo.

“A veces ni me doy cuenta de que me falta el brazo. Ya estoy acostumbrado”, dice. Lo mismo le ocurre con la pierna izquierda, que quedó deformada por decenas de cicatrices profundas. Asegura que no tiene problemas en contar lo que le pasó cada vez que conoce a alguien. “Prefiero hacerlo para no poner incómoda a la otra persona que me mira y tal vez no se anime a preguntar qué me pasó”, reflexiona.

En el plano sentimental, la vida de Emilio también dio un giro brusco, pero para bien. Se reencontró con una mujer que conocía hace años y ambos decidieron seguir juntos por este nuevo camino que le planteó el destino. Su esposa lo contiene, lo ayuda y es su soporte las veces que cae en algún bajón, aunque las peores cosas quedaron enterradas en el pasado.

En la casa que alquila la pareja hay espacios amplios y un jardín en el fondo donde tranquilamente podrían estar corriendo uno o dos perros, aunque Emilio prefiere esperar un poco: que los perros son muy demandantes, que son un trastorno cada vez que hay que viajar porque hay que buscar a alguien que los cuide y que les dé de comer; que él y su mujer ahora viajan mucho porque toda la familia de ella vive en San Juan…

Para cubrir ese espacio de cariño que siempre llenan las mascotas, la pareja adoptó a Priscilla, una pequeña gata callejera que camina por toda la casa con sigilo y que se convirtió en la mimada del hogar.

Sostiene Emilio que, en efecto, es un animalito muy independiente que es fácil de mantener durante su ausencia. Y, aunque no lo dice, sabe perfectamente que si algún día le quiere hacer una caricia y Priscilla anda cruzada o de malhumor, a lo sumo podrá ligar un arañazo, no mucho más que eso.

No tengo problemas en contar lo que me pasó. A cada persona que conozco y ve que me falta un brazo se lo digo”.

Dudas y polémica por los perros

Sin respuestas

Los veterinarios que hicieron estudios en el cadáver de Otto nunca pudieron explicar el porqué de la reacción del perro.

Discusión

El feroz ataque que sufrió Emilio renovó el debate sobre la tenencia de algunos perros considerados muy peligrosos, aunque hubo especialistas que defendieron la raza.

Pitu, la compañera de Otto, finalmente encontró un hogar

Pitu, la perra rottweiler que era la compañera de Otto, finalmente fue entregada en adopción.

Apenas ocurrió la tragedia, y luego de que el animal también fuera sometido a estudios veterinarios para saber si podía tener reacciones similares como las que tuvo el macho, Emilio aprovechó la amplia repercusión que tuvo el tema para ofrecerla a quien estuviera dispuesto a adoptarla y cuidarla ya que estaba convencido de que era un animal dócil. Es que el día del ataque la perra no se sumó y se escondió en su cucha llorando.

Fue así que un hombre que tiene una chacra y cría caballos en Paso Córdoba, en General Roca, decidió asumir el desafío y hacerse cargo de la rottweiler.

Hoy Pitu vive en ese amplio espacio rodeada de animales, en un entorno muy natural, y su comportamiento es el de un perro normal.

TOP NOTICIAS PLOTTIER

Fuente: Mario Cippitelli www.lmneuquen.com
Noticia Anterior

PLOTTIER - Un empleado municipal de Plottier, cabecilla de un kiosco narco

Noticia Siguiente

La música del Mundial 78: el peor disco de Astor Piazzolla, el tema oficial de Ennio Morricone del que nunca se hizo cargo y la marcha militar que quedó en la memoria

Comentarios

  • Se el primero en comentar este artículo.

Deja tu comentario

(Su email no será publicado)

🔔 ¡Activa las Notificaciones!

Mantente informado con las últimas novedades.