Neuquén entra en la etapa donde el gas comienza a convertirse en desarrollo
Lo balearon para robarle, su hija lo salvó y sus alumnos lo llenaron de mensajes
"Un minuto más y lo perdíamos", dijo la médica que lo recibió.
Enrique acababa de sacar el auto del garage de su casa y se bajó para cerrar el portón. Ahí fue cuando un delincuente armado lo abordó. Primero le dio dos culatazos en la cabeza y se subió al auto, pero antes de irse le disparó en la pierna, aunque el docente estaba tirado en el piso y nunca se resistió al robo. La bala le perforó la arteria femoral.
Entre los ruidos y gritos, su familia salió a ver qué pasaba. Por suerte, Cinthia, su hija enfermera, estaba ahí y le hizo un torniquete en el momento. Federico, otro de sus hijos, lo sostenía y le hablaba para que no se desvanezca. El destino sigue ayudando a Enrique a sobrevivir: en ese momento llegaba su yerno con el auto, lo subió y lo llevó al Hospital Mariano y Lucio de la Vega, donde terminaron de salvarle la vida.
Tuvo que pasar por dos operaciones hasta estabilizarse. Necesitaban 20 dadores de sangre, pero entre la familia, amigos y las escuelas donde trabaja juntaron más de 30. No sólo le queda recuperarse del tiro en la pierna, sino que además tiene problemas auditivos por los golpes en la cabeza.
Pero Enrique, padre de una enfermera de 24 años que le salvó la vida, de mellizos de 21 y de una nena de seis, se recupera mirando las cartulinas y los mensajes que le mandaron sus alumnos. Porque lo extrañan, lo quieren ver bien y de vuelta en las escuelas.
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